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domingo, 7 de junio de 2026
Escuchar en voz Lección 158 ¿Qué se te ha dado? Se te dado el conocimiento de que
eres una mente, de que te encuentras en una Mente y de que no eres sino
mente, por siempre libre de pecado y totalmente exento de miedo al haber
sido creado del Amor. No has abandonado tu Fuente, por lo tanto, sigues
siendo tal como fuiste creado. Esto se te dio en forma de un
conocimiento que no puedes perder. Ese conocimiento se le dio asimismo a
todas las cosas vivientes, pues sólo mediante él viven. Has recibido todo esto. No hay nadie en este mundo que
no lo haya recibido. No es éste el conocimiento que tú transmites a
otros, pues ése es el conocimiento que la creación dio. Nada de esto se
puede aprender. ¿Qué es, pues, lo que vas a aprender a dar hoy? Nuestra
Lección de ayer evocó un tema que se expone al principio del texto: La
experiencia, a diferencia de la visión, no se puede compartir de manera
directa. La revelación de que el Padre y el Hijo son uno alboreará en
toda mente a su debido tiempo. Sin embargo, ese momento lo determina la
mente misma, pues es algo que no se puede enseñar. Ese momento ya ha sido fijado. Esto parece ser
bastante arbitrario. No obstante, no hay nadie que dé ni un solo paso al
azar a lo largo del camino. Todos lo han dado ya, aunque todavía no
hayan emprendido la jornada. pues el tiempo tan sólo da la impresión de
que se mueve en una sola dirección. No hacemos sino emprender una
jornada que ya terminó. No obstante, parece como si tuviera un futuro
que todavía nos es desconocido. El tiempo es un truco, un juego de manos, una
gigantesca ilusión en la que las figuras parecen ir y venir como por
arte de magia. No obstante, tras las apariencias hay un plan que no
cambia. El guión ya está escrito. El momento en el que ha de llegar la
experiencia que pone fin a todas tus dudas ya se ha fijado. Pues la
jornada sólo se puede ver desde el punto donde termina, desde donde la
podemos ver en retrospectiva, imaginarnos que la emprendemos otra vez y
repasar mentalmente lo ocurrido. Un maestro no puede dar su experiencia, pues no es
algo que él haya aprendido. Ésta se reveló a sí misma a él en el momento
señalado. La visión, no obstante, es su regalo. Esto él lo puede dar
directamente, pues el conocimiento de Cristo no se ha perdido, toda vez
que Él tiene una visión que puede otorgar a cualquiera que la solicite.
La Voluntad del Padre y la Suya están unidas en el conocimiento. No
obstante, hay una visión que el Espíritu Santo ve porque la mente de
Cristo también la contempla. Aquí el mundo de las dudas y de las sombras se une con
lo intangible. He aquí un lugar tranquilo en el mundo que ha sido
santificado por el perdón y el amor. Aquí se reconcilian todas las
contradicciones, pues aquí termina la jornada. La experiencia que no se
puede aprender, enseñar o ver simplemente se encuentra ahí. Esto es algo
que está más allá de nuestro objetivo, pues transciende lo que es
necesario lograr. Lo que nos interesa es la visión de Cristo. Esto si
que lo podemos alcanzar. La visión de Cristo está regida por una sola ley. No
ve el cuerpo, ni lo confunde con el Hijo que Dios creó. Contempla una
luz que se encuentra más allá del cuerpo; una idea que yace más allá de
lo que puede ser palpado; una pureza que no se ve menguada por errores,
por lamentables equivocaciones, o por los aterrantes pensamientos de
culpabilidad nacidos de los sueños de pecado. No ve separación. Y
contempla a todo el mundo, y todas las circunstancias, eventos o
sucesos, sin que la luz que ve se atenúe en lo más mínimo. Esto se puede enseñar, y todo aquel que quiera
alcanzarlo tiene que enseñarlo. Lo único que es necesario es el
reconocimiento de que el mundo no puede dar nada cuyo valor pueda ni
remotamente compararse con esto; ni fijar un objetivo que no desaparezca
una vez que se haya percibido esto. Y esto es lo que vas a dar hoy: no
ver a nadie como un cuerpo y saludar a todo el mundo como el Hijo de
Dios que es, reconociendo que es uno contigo en santidad. Así es como sus pecados le son perdonados, pues la
visión de Cristo tiene el poder de pasarlos a todos por alto. En Su
perdón se desvanecen. Al ser imperceptibles para el Uno, simplemente
desaparecen, pues la visión de la santidad que se halla más allá de
ellos viene a ocupar su lugar. No importa en qué forma se manifestaban,
cuán enormes parecían ser ni quién pareció sufrir sus consecuencias. Ya
no están ahí. y todos los efectos que parecían tener desaparecieron
junto con ellos, al haber sido erradicados para ya nunca más volver Así es como aprendes a dar tal como recibes. Y así es
como visión de Cristo te contempla a ti también. Esta Lección no es
difícil de aprender si recuerdas que en tu hermano te ves a ti mismo. Si
él se encuentra inmerso en el pecado, tú también lo estás; si ves luz en
él, es que te has perdonado a ti mismo tus pecados. cada hermano con
quien hoy te encuentres te brinda una nueva oportunidad para dejar que
la visión de Cristo brille sobre ti y te ofrezca la paz de Dios. Cuándo ha de llegar esta revelación es irrelevante, pues no tiene
nada que ver con el tiempo. No obstante, el tiempo aún nos tiene
reservado un regalo, en el que el verdadero conocimiento se refleja de
manera tan precisa que su imagen comparte su invisible santidad y su
semejanza resplandece con su amor inmortal. Nuestra práctica de hoy
consiste en ver todo con los ojos de Cristo. y mediante los santos
regalos que damos, la visión de Cristo nos contempla a nosotros también.
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