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martes, 10 de febrero de 2026

Escuchar en voz
Lección 41
Dios va conmigo dondequiera que yo voy.
Con el tiempo, la idea de hoy desvanecerá por
completo la sensación de soledad y abandono que experimentan todos los
que se consideran separados. La depresión es una consecuencia inevitable
de la separación, como también lo son la ansiedad, las preocupaciones,
una profunda sensación de desamparo, la infelicidad, el sufrimiento y el
intenso miedo a perder.
Los que se consideran separados han inventado muchos "remedios" para lo
que, según ellos, son "los males del mundo". Pero la única cosa que no
han hecho es cuestionar la realidad del problema. Los efectos de éste,
no obstante, no se pueden sanar porque el problema no es real. La idea
de hoy tiene el poder de acabar con todo este desatino para siempre.
Pues eso es lo que es, un desatino, por muy serias y trágicas que
parezcan ser sus manifestaciones.
En lo profundo de tu interior yace todo lo que es perfecto, presto a
irradiar a través de ti sobre el mundo. Ello sanará todo pesar y dolor,
todo temor y toda sensación de pérdida porque curará a la mente que
pensaba que todas esas cosas eran reales y que sufría debido a la
lealtad que les tenía.
Jamás se te puede privar de tu perfecta santidad porque su Fuente va
contigo dondequiera que tú vas. Jamás puedes sufrir porque la Fuente de
toda dicha va contigo dondequiera que tú vas. Jamás puedes estar solo
porque la Fuente de toda vida va contigo dondequiera que tú vas. Nada
puede destruir tu paz mental porque Dios va contigo dondequiera que tú
vas.
Comprendemos que no creas nada de esto. ¿Cómo ibas a creerlo cuando la
verdad se halla oculta en lo profundo de tu interior, bajo una pesada
nube de pensamientos dementes, densos y turbios que representan, no
obstante, todo lo que ves? Hoy intentaremos por primera vez atravesar
esa obscura y pesada nube y llegar a la luz que se encuentra más allá.
Hoy tendremos una sola sesión de práctica larga. Por la mañana, a ser
posible tan pronto como te levantes, siéntate en silencio de tres a
cinco minutos con los ojos cerrados. Al comienzo de la sesión de
práctica repite la idea de hoy muy lentamente. No trates de pensar en
nada en particular. Trata, en cambio, de experimentar la sensación de
que estás sumergiéndote en tu interior, más allá de todos los
pensamientos vanos del mundo. Trata de llegar hasta lo más profundo de
tu mente, manteniéndola despejada de cualquier pensamiento que pudiese
distraerte.
De vez en cuando puedes repetir la idea de hoy si observas que eso te
ayuda. Pero sobre todo, trata de sumergirte tan profundamente como
puedas en tu interior, lejos del mundo y de todos sus pensamientos
disparatados. Estás tratando de llegar más allá de todo ello. Estás
tratando de dejar atrás las apariencias y de aproximarte a la realidad.
Es perfectamente posible llegar a Dios. De hecho, es muy fácil, ya que
es la cosa más natural del mundo. Podría decirse incluso que es lo único
que es natural en el mundo. El camino quedará despejado, si realmente
crees que ello es posible. Este ejercicio puede producir resultados
asombrosos incluso la primera vez que se intenta, y tarde o temprano
acaba por tener éxito. A medida que avancemos ofreceremos más detalles
acerca de este tipo de práctica. No obstante, nunca fracasa del todo, y
es posible tener éxito inmediatamente.
Usa la idea frecuentemente a lo largo del día, repitiéndola muy
despacio, preferiblemente con los ojos cerrados. Piensa en lo que estás
diciendo, en el significado de las palabras. Concéntrate en la santidad
que esas palabras te atribuyen; en la compañía indefectible de la que
gozas, en la completa protección que te rodea.
Puedes ciertamente permitirte el lujo de reírte de los pensamientos de
miedo, recordando que Dios va contigo dondequiera que tú vas.
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