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viernes, 6 de marzo de 2026
Escuchar en voz Lección 65 La idea de hoy reafirma tu compromiso con la
salvación. También te recuerda que no tienes ninguna otra función salvo
ésa. Ambos pensamientos son obviamente necesarios para un compromiso
total. La salvación no podrá ser tu único propósito mientras sigas
abrigando otros. Aceptar la salvación como tu única función entraña
necesariamente dos fases: el reconocimiento de que la salvación es tu
función, y la renuncia a todas las demás metas que tú mismo has
inventado. Ésta es la única manera en que puedes ocupar el lugar
que te corresponde entre los salvadores del mundo. Ésta es la única
manera en que puedes decir, y decirlo en serio: "Mi única función es la
que Dios me dio". Y ésta es la única manera en que puedes encontrar paz. Hoy, y durante los próximos días, reserva diez o
quince minutos para una sesión de práctica más prolongada, en la que
trates de entender y aceptar el verdadero significado de la idea de hoy.
La idea de hoy te ofrece el que puedas escapar de todas las dificultades
que percibes. Pone en tus manos la llave que abre la puerta de la paz,
la cual tú mismo cerraste. Es la respuesta a la incesante búsqueda en la
que has estado enfrascado desde los orígenes del tiempo. Trata, en la medida de lo posible, de llevar a cabo
las sesiones de práctica más largas a la misma hora todos los días.
Trata asimismo, de fijar esa hora de antemano, y de adherirte luego al
máximo al horario establecido. El propósito de esto es organizar tu día
de tal manera que hayas reservado tiempo para Dios, así como para todos
los propósitos y objetivos triviales que persigues. Esto es parte del
entrenamiento a largo plazo que tu mente necesita para adquirir
disciplina, de modo que el Espíritu Santo pueda valerse de ella de
manera consistente para el propósito que comparte contigo. En la sesión de práctica más prolongada, comienza
repasando la idea de hoy. Luego cierra los ojos y repite la idea para
tus adentros una vez más, observando tu mente con gran detenimiento a
fin de poder captar cualquier pensamiento que cruce por ella. Al
principio, no trates de concentrarte exclusivamente en aquellos
pensamientos que estén relacionados con la idea de hoy. Trata, más bien,
de poner al descubierto cada pensamiento que surja para obstaculizarla.
Toma nota de cada uno de ellos con el mayor desapego posible según se
presente, y deséchalos uno por uno a medida que te dices a ti mismo: Este pensamiento refleja un objetivo que me está
impidiendo aceptar mi única función. Después de un rato, te resultará más difícil poder
detectar los pensamientos que causan interferencia. Sigue tratando, no
obstante, durante un minuto más o menos, intentando detectar algunos de
los pensamientos vanos que previamente eludieron tu atención, pero sin
afanarte o esforzarte innecesariamente en ello. Luego repite para tus
adentros: Que en esta tabla rasa quede escrita mi verdadera
función. No es preciso que uses estas mismas palabras, pero
trata de tener la sensación de que estás dispuesto a que tus propósitos
ilusorios sean reemplazados por la verdad. Finalmente, repite la idea de hoy una vez más y dedica
el resto de la sesión de práctica a reflexionar sobre la importancia que
dicha idea tiene para ti, el alivio que su aceptación te ha de brindar
al resolver todos tus conflictos de una vez por todas, y lo mucho que
realmente deseas la salvación, a pesar de tus absurdas ideas al
contrario. En las sesiones de práctica más cortas, que deben
hacerse por lo menos una vez por hora, usa el siguiente modelo al
aplicar la idea de hoy: Mi única función es la que Dios me dio. No quiero ninguna otra ni tengo ninguna otra. Cierra los ojos en algunas ocasiones al practicar
esto, y en otras, mantenlos abiertos mientras miras a tu alrededor. Lo
que ahora ves será totalmente diferente cuando aceptes la idea de hoy
sin reservas.
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